Capitulo 17
Cobijo
Julia y Gabriel se encontraban
en el bosque, no habían cogido
comida, ni ropa, nada. Llevaban ya 2 días allí y
ya no tenían
esperanzas en nada. Pensaron que lo mejor era ir por el
camino que
conocían, el del prado que fueron la primera vez,
o básicamente volver a su
hogar, con María y Pedro. También
pensaron en volver a la casa de Cristian, a
ver si sus padres ya
no se encontraban allí. Caminaron por el bosque lleno de
hojas verdes y marrones, luego atravesaron una arboleda llena
de rojo en cada
hoja, giraron a la derecha y finalmente,
después de un largo camino, vieron esa
valla plateada con esos
caballitos de igual material en la punta. La abrieron
suavemente, y se dirigieron a la ventana de la casa a ver quien
se hospedaba
allí. Vieron a Cristian sentado en el sofá
llorando, giraron la cabeza, y
vieron a su madre de pie
angustiada. Corrieron hacia fuera y dejaron la puerta
abierta.
Después pensaron que lo mejor era ir al prado, sabían que no
abría
nada distinto o que les pudiera servir, pero al fin y al
cabo, era lo único
familiar que tenían.
Caminaron hasta llegar al
prado, se sentaron al lado de la
charca que vieron la primera vez. Gabriel
apoyo su cabeza en
el regazo de su hermana.
-No tendrías porque haber
venido, no quiero que te pase
nada.-Dijo Julia mientras le acariciaba el pelo.
-Estaré siempre a tu lado,
contigo he conocido a muchas
personas divertidas y me lo he pasado muy bien,
además te
quiero.-Gabriel sonrió.
Julia le dio un abrazo y un
enorme beso. Giró la cabeza y allí
la vio, esa casa abandonada a la que su
padre no le dejó entrar.
Le pegó unos golpecitos a su
hermano, le levantó y le señaló la
casa. Gabriel le cogió del brazo y le negó
con la cabeza, estaba
muy inseguro, era normal, esa casa tenía las ventanas
rotas y
estaba sucia por todas partes.
-No pasa nada, yo estoy
contigo.
Julia le cogió del brazo y
empezaron a caminar, había un
camino antes de llegar a la casa lleno de
cristales, a los cuales
tenían que estar esquivando. Julia miró a Gabriel con
miedo
antes de tocar a la puerta, Gabriel le apretó la mano, y ella dio
unos
golpes a esta. Les abrió una chica no mucho más
pequeña que Julia, blanca de
piel, con pecas, tenía una
singular marca en su mejilla derecha, pelo marrón
oscuro
rizado y ojos de igual color.
-¿Qué deseáis?.-Dijo
sonriente.
Gabriel enrojeció, la chica
era guapa, y su estilo de vestir era
perfecto, además ¿Qué haría una chica así
en una casa como
esa?.
-Hola, siento molestar, pero
no tenemos donde hospedarnos y
nos preguntábamos
si nos darías cobijo.
-Mm, un momento, se lo
preguntaré a mi padre.
Cerró la puerta, lo más
probable que fuera por seguridad.
Salió un hombre alto, con barba y pelo
blanco, ojos marrones
y cuerpo robusto.
-Buenos días.-Dijo
sonriente.-Podéis hospedaros cuanto
queráis por supuesto.