lunes, 24 de junio de 2013

Capitulo 17

Cobijo

Julia y Gabriel se encontraban en el bosque, no habían cogido 

comida, ni ropa, nada. Llevaban ya 2 días allí y ya no tenían 

esperanzas en nada. Pensaron que lo mejor era ir por el 

camino que conocían, el del prado que fueron la primera vez, 

o básicamente volver a su hogar, con María y Pedro. También 

pensaron en volver a la casa de Cristian, a ver si sus padres ya 

no se encontraban allí. Caminaron por el bosque lleno de 

hojas verdes y marrones, luego atravesaron una arboleda llena 

de rojo en cada hoja, giraron a la derecha y finalmente, 

después de un largo camino, vieron esa valla plateada con esos 

caballitos de igual material en la punta. La abrieron 

suavemente, y se dirigieron a la ventana de la casa a ver quien 

se hospedaba allí. Vieron a Cristian sentado en el sofá 

llorando, giraron la cabeza, y vieron a su madre de pie 

angustiada. Corrieron hacia fuera y dejaron la puerta abierta. 

Después pensaron que lo mejor era ir al prado, sabían que no 

abría nada distinto o que les pudiera servir, pero al fin y al 

cabo, era lo único familiar que tenían.

Caminaron hasta llegar al prado, se sentaron al lado de la 

charca que vieron la primera vez. Gabriel apoyo su cabeza en 

el regazo de su hermana.

-No tendrías porque haber venido, no quiero que te pase 

nada.-Dijo Julia mientras le acariciaba el pelo.

-Estaré siempre a tu lado, contigo he conocido a muchas 

personas divertidas y me lo he pasado muy bien, además te 

quiero.-Gabriel sonrió.

Julia le dio un abrazo y un enorme beso. Giró la cabeza y allí 

la vio, esa casa abandonada a la que su padre no le dejó entrar.

Le pegó unos golpecitos a su hermano, le levantó y le señaló la 

casa. Gabriel le cogió del brazo y le negó con la cabeza, estaba 

muy inseguro, era normal, esa casa tenía las ventanas rotas y 

estaba sucia por todas partes.

-No pasa nada, yo estoy contigo.

Julia le cogió del brazo y empezaron a caminar, había un 

camino antes de llegar a la casa lleno de cristales, a los cuales 

tenían que estar esquivando. Julia miró a Gabriel con miedo 

antes de tocar a la puerta, Gabriel le apretó la mano, y ella dio 

unos golpes a esta. Les abrió una chica no mucho más 

pequeña que Julia, blanca de piel, con pecas, tenía una 

singular marca en su mejilla derecha, pelo marrón oscuro 

rizado y ojos de igual color.

-¿Qué deseáis?.-Dijo sonriente.

Gabriel enrojeció, la chica era guapa, y su estilo de vestir era 

perfecto, además ¿Qué haría una chica así en una casa como 

esa?.

-Hola, siento molestar, pero no tenemos donde  hospedarnos y 

nos preguntábamos si nos darías cobijo.

-Mm, un momento, se lo preguntaré a mi padre.

Cerró la puerta, lo más probable que fuera por seguridad. 

Salió un hombre alto, con barba y pelo blanco, ojos marrones 

y cuerpo robusto.


-Buenos días.-Dijo sonriente.-Podéis hospedaros cuanto 

queráis por supuesto.

sábado, 22 de junio de 2013

Capitulo 16

Encuentro

Todo el mundo estaba apenado, impotente, impasible. Julia se 

sentía fatal, había llenado esa familia llena de tragedia, y 

muerte. Recordaba a Héctor el primer día que le vio, tan 

callado, tan feliz con sus hermanos, esas sonrisas que le 

mandaba desde lejos.

Gabriel no sabía nada de lo que pasaba, tan solo era un niño y 

tampoco le habían dejado ver nada, aun que, a veces, 

preguntaba por Héctor y le respondían que se había ido con 

un amigo, Gabriel sonreía y decía: ‘espero que se divierta’.

La pistola la habían guardado de nuevo en la estantería 

apenados, pensaban en tirarlas para que no ocurriera nada 

parecido, pero Gerardo se lo impedía.

Todos estaban desayunando, menos Rubén que estaba en el 

sofá tumbado. Llamaron a la puerta.

-Rubén abre tu que los demás están desayunando.-Dijo Tania 

siempre mandando a los demás. Rubén se levantó medio 

dormido, y abrió sin camiseta, en esos momentos no pensaba 

en nada.

-Em, buenos días, nuestros hijos se escaparon de casa, y los 

hemos estado buscando, se llaman Julia y Gabriel, ¿han ido a 

parar aquí?.

Rubén se paralizó, ¿Qué podría responder el? Igual Julia no 

querría que dijera nada. Por otro lado, Julia se quedó 

paralizada también. Antes de que Rubén respondiera, Gabriel 

oyó la voz de su madre diciendo aquello, y corría hacia ella 

abrazándola.

María le abrazó fuerte y empezó a sonreír y llorar.

-Hijo.-Maribel habló entre sollozos, sonreía sin parar y le 

abrazaba fuerte.

-Gaby, ¿Julia también está aquí, no?.

Gabriel no respondió, tan solo miró hacia el asiento donde 

estaba Julia, su madre se giró, y allí la vió, paralizada y 

mirándolos.

María corrió hacia Julia y le abrazó fuerte, a pesar de que se 

llevara a Gabriel y se escapara. Pedro se acercó hacia Julia y le 

pegó un bofetón en la mejilla. Cristian ante aquel acto, se 

levantó bruscamente y se interpuso entre Pedro y Julia.

-No la toques.-Dijo Cristian serio.

Pedro se rio y le apartó, cogió a Julia del brazo y a Gabriel del 

hombro.

-Nos vamos.

-¿Qué? ¡No! ¡Yo me quedo!.-Dijo Julia desesperada.

-¿Perdon?

Cristian corrió hacia Julia y la cogió del otro brazo se acercó a 

ella y le dijo en el oído:

-Corre por la puerta de atrás.

Ella asintió, se quitó de encima el brazo de su padre, y se paró 

ante la estantería de armas, cogió rápidamente un arma por si 

acaso, y después fue cuando se dio cuenta de que era la misma 

con la que Héctor se mató. Salió corriendo por la puerta de 

atrás, y al correr, miró hacia atrás, y vió a su hermano 

siguiéndola.

-¿Gabriel? Vete con padre y mamá, con ellos estarás mejor,

-No, yo quiero ir contigo.


A Julia le salió una gota de su ojo, y le fue recorriendo por la 

mejilla. Ella asintió, le cogió de la mano, y comenzaron a 

correr.

viernes, 21 de junio de 2013

Capitulo 15

Confianza y tragedia

Julia comenzaba a tener confianza con toda la familia,  Diana, 

Tania y Maribel  le enseñaron a cocinar, con Gerardo pasaba 

alguna tarde jugando a juegos de mesa, ella y Rubén se habían 

hecho muy amigos, con Cristian estaba teniendo mucha más 

relación, y con Héctor… nada, tenía que intentar que no le 

viera con Cristian para que no empeorara.

Ella y Cristian hace tiempo que estaban pensando en dar el 

siguiente paso, pero a Julia le daba miedo que le volvieran a 

engañar.

Se encontraba en “su” cama, había tenido días un poco duros, 

con lo de Héctor, no podía parar de sentirse culpable. Sabía 

que había sido su culpa.

Oyó un ruido de golpecitos en su puerta.

-¿Se puede?

-Si claro.-Dijo Julia intentando adivinar quien era.

Abrió la puerta Cristian con una bandeja de plata y encima un 

vaso caliente de leche y unas galletas alrededor. Julia sonrió 

por verle a el y al desayuno que llevaba, no había cenado el 

anterior día.

-Espero que lo disfrutes.-Cristian sonrió.

Le colocó la bandeja en las piernas y se sentó junto a ella.

-¿Puedo?.-Dijo Cristian señalando a las galletas.

-Claro, lo has hecho tu. Muchas gracias no tenias porqué.

Cristian le besó en la frente y los dos comenzaron a comer.

-Oye, no quiero lanzarme y eso… pero me gustaría saber si… 

igual, te gustaría ya sabes, dar el siguiente paso.-Cristian habló 

tartamudeando, no sabía como preguntárselo sin que se 

ofendiera.

-Emm, no lo sé, ya sabes lo que pasé, y me sigo viendo un 

poco pequeña.

-Ahora mismo la edad da igual, con lo que estás pasando es 

como si fueras adulta.

Julia estos días pasaba la mayor parte con Gabriel y Cristian, le 

debía un favor a Gabriel, se lo había llevado sin compasión de 

su hogar y ahora se sentía culpable por ello, también pensaba 

en su familia, les echaba de menos, y le entristecía saber lo 

apenados que estarán por ella.

Se hizo la hora de comer, a Julia el tiempo se le pasaba 

volando cuando jugaba con Gabriel. Natalia llamó a todos a 

comer, entró en la habitación de Héctor a ver si el quería salir, 

el se negó, seguía afectado, en cierto modo, solo habían 

pasado 2 días.

Natalia y las mellizas habían hecho un guisado en una cacerola 

enorme, eran muchos pero no tantos para comerse esa enorme 

guarnición.

Se sentaron todos en la mesa, Cristian siempre se sentaba al 

lado de Julia.

-¿Has pensado sobre lo que te he dicho?.-Dijo Cristian a Julia 

en el oído para que nadie les oyera.

-Si.

-¿Y qué dices?

-Probablemente será un si.

Cristian sonrió y comenzó a comer.

Acabaron todos de comer, y recogieron toda la mesa, Julia se 

ofreció de nuevo a lavar los platos, se lo debía a todos. Cogió 

un plato y lo comenzó a enjabonar. Unas manos le cogieron de 

las caderas, y le empezaron a dar besos en el cuello. Julia se 

giró y vio que era Cristian, ella sonrió y hizo un movimiento 

para que le dejara seguir lavando. Pero el le volvió a girar, le 

besó y le empujó a la encimera.

-¿Qué haces? Que te diga que si no significa aquí y ahora.-

Dijo Julia sonriendo.

Cristian se empezó a reir.

-¿Has bebido, verdad?.-Ante aquella frase de Julia Cristian se 

empezó a reir. Si, había bebido, y se notaba.

Comenzó a besarla otra vez, le subió a la encimera y se arrimó 

a ella cogiéndole de las caderas. Julia se bajó de la encimera y 

dijo:

-Mira ves a mi habitación, cuando termine de lavar los platos 

voy, pero aquí no.

Cristian sonrió y se fue corriendo a la habitación. Ella terminó 

de lavar los platos y se dirigió a la habitación, se puso nerviosa 

y le sudaban mucho las manos. Al abrir la puerta Cristian le 

cogió y le dejó sentada en la cama. Se tumbó encima de ella y 

la comenzó a besar. Cristian se quitó la camisa, y a 

continuación la de Julia. De repente, se encontraban ya 

desnudos en la cama, y habían comenzado a lo que llamaban, 

“la siguiente fase”. Héctor se levantó de su cama, pensó que 

debía hablar con Julia para aclarar todo y sentirse mejor, abrió 

la puerta suavemente, y se encontró a Julia y a Cristian, en 

medio de “la siguiente fase”. El se fue corriendo, estaba 

mareado, se dirigió al comedor, vio una estantería llena de 

armas que tenía Gerardo, según el, eran para defenderse, y se 

sentía seguro con todas ellas. Cogió una pequeña, que era solo 

de una bala, lloraba sin parar, y tenía cara de sufrimiento. Su 

llanto se oía de lejos, y por ello Diana se acercó a ver que 

ocurría, vio a Héctor colocándose dentro de la boca una 

pistola de Gerardo.

-¡¿Héctor?! ¡Suelta eso!

-Os quiero.

Héctor dijo eso entre llantos, su voz se quebraba, y ese 

momento se paralizó, Diana lo veía en cámara lenta, y todo se 

nubló.

Héctor soltó un sollozo y se oyó un temible sonido.

Ya había apretado el gatillo, y se encontraba tumbado en el 

suelo con la pistola en la mano y lleno de sangre.

domingo, 16 de junio de 2013

Capitulo 14

Confusión

Julia estaba confundida por todo lo que había pasado. No se 

creía que Héctor le quisiera tanto como para hacer lo que 

hizo, ni que acabaría besando a Rubén. No sabía a cual elegir 

de los dos, uno era dulce, le amaba, y le cuidaría siempre, 

otro era gracioso, valiente, y también le salvaría de cualquier 

obstáculo. Pensó que lo mejor era ir a ver a Héctor, y hablar 

con el para que se recuperase.

Salió de su habitación para buscar a Héctor, no había nadie en 

la casa a si que supuso que estaba en la habitación de los tres 

hermanos.

Alguien le cogió del brazo antes de abrir la puerta, se giró 

sorprendida, era Cristian.

-Mejor que no lo hagas. Esta muy enfadado.

-Pero, igual si hablo con el…

-Yo no lo haría, lo digo por tu bien, no te lo habíamos dicho 

pero tiene un problema de depresión, por eso hizo aquello, y 

si le deprimes más por cualquier motivo ira a peor, hazme 

caso.

-Vale.-Dijo Julia asintiendo.

Cristian le cogió de la mejilla y le dio un beso. Julia sonrió. En 

el fondo se sentía culpable por haberle en cierto modo 

engañado.

Pensó que lo mejor era hablar con Rubén para decirle que 

había sido una tontería y que lo dejaran pasar.

Caminó hacia el comedor buscándolo, y lo encontró en el 

sofá.

-¿Podemos salir fuera?

-Si.

Rubén se levantó un poco callado y tímido. Se dirigieron al 

columpio, y Julia quería empezar a hablar, pero se puso 

nerviosa y vergonzosa, hay que tener en cuenta que Rubén 

estaba muy musculado, y llevaba una camiseta un poco ceñida.

-Creo que sería mejor olvidar lo que ha ocurrido.

-Em, si, se que estás con Cristian y no quiero molestaros. No 

diré nada.

-Muchas gracias.

Se dieron un abrazo y entraron a dentro.

Julia pensó que estaría bien estar una tarde con su hermano, a 

si que le buscó y cogió su caballito de madera. Se dirigió hacia 

el columpio de nuevo, pero esta vez con Gabriel.

-¿Gaby quieres que te balancee?.-Dijo Julia sonriente.

-¡Si!.-Gabriel siempre estaba contento, haciendo así que los de 

alrededor lo estuvieran también, sus ojos azules alegraban el 

día de cualquier persona.

Julia comenzó a balancearle, fue para ella uno de esos 

momentos que se te quedan grabados para siempre, 

recordarán toda la vida esas risas, esa felicidad que tenían y 

ese cariño entre hermanos que pocos llegan a tener.

Julia cogió a Gabriel y lo abrazó fuerte.

-¿Sabes que siempre estaré contigo, no? Recuerda que si estás 

conmigo nunca te pasará nada, ¿de acuerdo?.

Gabriel asintió, le abrazó aun más fuerte.

-Te quiero.- Dijo el con su voz de niño pequeño.

-Y yo.-Julia sonrío, su cara y su sonrisa te enternecían.

Cristian se dirigió hacia ellos, agarró a Gabriel y le subió 

jugando con el, le abrazó fuerte haciendo así que Gabriel se 

riera y le abrazara también.


Julia se rio, se levantó, y se abalanzó hacia ellos, todos se 

cayeron y comenzaron a reír.